.ART Award 2026

De la Alquimia

Un cuerpo de obra de Zanches, 2020-2026

Identidad del artista

Zanches (Luis Fernando Zanches) es un artista visual radicado en la Ciudad de México. Estudiaba Derecho cuando, en 2013, una meningitis lo dejó sordo de un oído, experiencia que lo llevó a cuestionar si esa era realmente la vida que quería. Terminó la carrera en 2017 y pasó un verano en Shoreditch, Londres, trabajando en un café y pintando en su tiempo libre. Una exposición en Brick Lane ese mismo año lo convenció de regresar a México y dedicarse por completo al arte.

En 2020, el aislamiento de la pandemia lo llevó hacia una búsqueda interior y abrió un camino espiritual que desde entonces atraviesa su práctica. Ese camino recorre De la Alquimia, un cuerpo de pinturas, dibujos y grabados realizado entre 2020 y 2026, estructurado alrededor de los cuatro elementos - Tierra, Agua, Aire y Fuego - y construido sobre la tensión entre muerte y vida, pérdida y abundancia.

En el centro se encuentra El Funeral de mi Padre (2024). La larga enfermedad de su padre - y la pérdida social y material que la acompañó - lo llevó a cuestionar la frontera entre la vida y la muerte. La obra se convirtió en el núcleo emocional del proyecto: una meditación sobre el duelo como tránsito hacia lo divino, donde el número 27, sagrado en su familia, reaparece como signo del destino. Su obra forma parte de colecciones en Boston, San Francisco y Nueva York, y ha sido expuesta en Viena y España.

La obra

Estación

Tierra

Chaak - estación Tierra

Chaak

2022

Óleo sobre tela, 200 x 200 cm. Estación: Tierra. Nombrada en honor al dios maya de la lluvia y el trueno, esta pieza confronta el cuerpo y su deterioro: el suelo del que crece todo el proyecto.

Estación

Tierra / Agua

El Funeral de mi Padre - puente Tierra y Agua

El Funeral de mi Padre

2024

Óleo sobre tela, 160 x 140 cm. Estación: Tierra/Agua, la pieza puente. El núcleo emocional de De la Alquimia, pintado tras una enfermedad de años que transformó a la familia del artista. El número 27, recurrente a lo largo de su vida, aparece aquí como una firma silenciosa del destino.

Estación

Agua

Hakuna - estación Agua

Hakuna

2025

Óleo sobre tela, 180 x 150 cm. Estación: Agua. Una figura ceremonial se disuelve en su propio reflejo: el luto como limpieza, el duelo como tránsito y no como final.

Estación

Aire

Boceto de la estación Aire 1
Boceto de la estación Aire 2
Boceto de la estación Aire 3
Boceto de la estación Aire 4
Boceto de la estación Aire 5

Bocetos - Estación: Aire

2024-2026

Tinta sobre papel, tamaño carta, 5 obras. Fragmentos y pensamientos inconclusos que trazan el desarrollo del proyecto antes de encontrar su forma final, inscritos con frases como "Sal de la falta, confia" y "Encuentra tus venas".

Estación

Fuego

Batallas que florecen - estación Fuego

Batallas que florecen

2020

Óleo sobre tela, 180 x 150 cm. Estación: Fuego. Donde ocurre la transformación: la pérdida convertida en algo con lo que se puede vivir.

La historia

De la Alquimia comenzó en 2020, durante el encierro, sin lugar al cual huir de mis propios pensamientos. Volví a una pregunta que ya había enfrentado en 2013, cuando una enfermedad repentina me dejó sordo de un oído: qué importa realmente cuando comprendes la facilidad con la que la vida puede ser arrebatada.

Esa pregunta se hizo más profunda mientras la enfermedad de mi padre se extendía por años, trayendo consigo una erosión lenta de su salud, de la estabilidad familiar y de la posición social que alguna vez dimos por sentada. Ver desaparecer poco a poco a alguien que amas, en lugar de perderlo de una sola vez, te enfrenta a la muerte de otra manera. No es un acontecimiento, sino un largo aprendizaje de la pérdida.

El Funeral de mi Padre (2024) es donde ese aprendizaje tomó forma. La pintura no es un registro del funeral, sino de todo lo que condujo a él: un duelo ensayado durante años, disfrazado cada vez de algo distinto. Mientras trabajaba en ella volvía al número 27: la edad que tenía cuando comenzó la pandemia, el día en que se casaron mis padres, el número de la oficina donde mi padre trabajó durante años y otros patrones que regresaban al mismo número, como si algo marcara el tiempo desde afuera.

El impulso de buscar patrones y significado en la pérdida, y no sólo tristeza, se convirtió en la estructura del proyecto. De la Alquimia se organiza alrededor de cuatro elementos: Tierra, donde se confrontan el cuerpo y su deterioro; Agua, espacio del luto, la disolución emocional y la limpieza del alma; Aire, donde bocetos, fragmentos y escritos trazan ideas que aún no encontraban su forma final; y Fuego, donde ocurre la transformación y la pérdida se convierte en algo con lo que vivir.

El título alude deliberadamente a un libro que leí de adolescente, De la Alquimia a la Química: el tránsito histórico de una comprensión espiritual y simbólica de la materia hacia una racional y científica. Mi obra avanza en la dirección opuesta. A través de la pintura y de la búsqueda de patrones en la pérdida, he intentado devolver a la materia su dimensión espiritual: tratar el pigmento, la tela y el propio cuerpo como sustancias todavía capaces de transformarse y conectarse con algo más allá de lo material.